𝗔𝗴𝘂𝘀𝘁í𝗻 𝗥𝗶𝘃𝗲𝗿𝗮, periodista y viajero, gran conocedor de Japón, presenta mañana en Sevilla su libro «𝘏𝘐𝘙𝘖𝘚𝘏𝘐𝘔𝘈», un testimonio dramático de aquella terrible experiencia que supuso el bombardeo de esa ciudad, en agosto de 1945. Nos lo ofrece contado por los propios supervivientes («𝘩𝘪𝘣𝘢𝘬𝘶𝘴𝘩𝘢𝘴»), manejando sus relatos de dolor y esperanza, con una alta factura literaria.

He disfrutado de su lectura, aunque no haya podido evitar condolerme con tanto dolor como la bomba produjo el aquella ciudad (y unos días después en Nagasaki). Por ello, es una obra cuya lectura nos conduce a reafirmarnos en nuestro compromiso con la paz y a nuestro radical rechazo a la energía nuclear y de sus perniciosos usos.

He aquí otras dos opiniones sobre la obra: «𝘙𝘪𝘷𝘦𝘳𝘢 𝘦𝘴 𝘶𝘯 𝘰𝘣𝘴𝘦𝘳𝘷𝘢𝘥𝘰𝘳 𝘳𝘦𝑝𝘰𝘴𝘢𝘥𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘴𝘦 𝘥𝘦𝘵𝘪𝘦𝘯𝘦 𝘦𝘯 𝘭𝘰𝘴 𝘥𝘦𝘵𝘢𝘭𝘭𝘦𝘴, 𝘦𝘯 𝘭𝘰𝘴 𝘨𝘦𝘴𝘵𝘰𝘴 𝘺 𝘭𝘢𝘴 𝘤𝘢𝘥𝘦𝘯𝘤𝘪𝘢𝘴 𝘥𝘦 𝘭𝘢𝘴 𝘷í𝘤𝘵𝘪𝘮𝘢𝘴, 𝘦𝘴𝘵𝘰𝘴 𝘩𝘪𝘣𝘢𝘬𝘶𝘴𝘩𝘢 𝘲𝘶𝘦 𝘨𝘶𝘢𝘳𝘥𝘢𝘯 𝘮𝘦𝘮𝘰𝘳𝘪𝘢 𝘥𝘦𝘭 𝘩𝘰𝘳𝘳𝘰𝘳 𝘢𝘵𝘰́𝘮𝘪𝘤𝘰 𝘺 𝘲𝘶𝘦 𝘴𝘰𝘯 𝘦𝘭 𝘢𝘭𝘮𝘢 𝘶́𝘭𝘵𝘪𝘮𝘢 𝘥𝘦 𝘭𝘢 𝘏𝘪𝘴𝘵𝘰𝘳𝘪𝘢» (Carlos Alsina) o «𝘏𝘪𝘳𝘰𝘴𝘩𝘪𝘮𝘢 𝘯𝘰 𝘦𝘴 𝘶𝘯 𝘭𝘪𝘣𝘳𝘰 𝘴𝘰𝘣𝘳𝘦 𝘭𝘢 𝑝𝘦𝘰𝘳 𝘣𝘰𝘮𝘣𝘢 𝘥𝘦 𝘭𝘢 𝘩𝘪𝘴𝘵𝘰𝘳𝘪𝘢, 𝘦𝘴 𝘶𝘯𝘢 𝘰𝘣𝘳𝘢 𝘴𝘰𝘣𝘳𝘦 𝘢𝘭𝘨𝘰 𝘦𝘹𝘵𝘳𝘢𝘰𝘳𝘥𝘪𝘯𝘢𝘳𝘪𝘰: 𝘴𝘦𝘳𝘦𝘴 𝘩𝘶𝘮𝘢𝘯𝘰𝘴 𝘲𝘶𝘦 𝘮𝘪𝘳𝘢𝘯 𝘩𝘢𝘤𝘪𝘢 𝘢𝘥𝘦𝘭𝘢𝘯𝘵𝘦» (Xavier Aldekoa)